
El 12 de julio de 1973 el gobierno Justicialista restituye al Gral. Juan Domingo Perón el grado de Teniente General y el uso del uniforme quitado injustamente por los enemigos del Pueblo.
Luego de 18 años de proscripción, Juan Domingo Perón fue reincorporado al Ejército Argentino y volvió a portar uniforme, cargo y charreteras. Con él asumió en 1973 la presidencia de la Nación por tercera vez.
El 27 de octubre de 1955, a las 13 horas, el criminal tribunal militar que juzgó al ex presidente lo encontraba pasible de “descalificación por falta gravísima quedando por consiguiente prohibido al causante ostentar el título del grado y uso del uniforme, por la indignidad que con su inconducta ha puesto de manifiesto”.
El martes 10 de julio de 1973, a las 17.50, en la casona de Gaspar Campos, Perón se encontró a solas con el teniente general Jorge Raúl Carcagno, el comandante en Jefe del Ejército.Era toda una señal. Hablaron de cuestiones personales como la restitución del grado militar porque el jefe militar portó una carpeta sobre esta cuestión que se hallaba demorada. Jorge R. Carcagno llegó acompañado por su asesor el coronel Jaime Cesio. Conversaron durante un poco más de una hora y se dio una situación poco usual, sorpresiva. Carcagno leyó -siete carillas- al ex presidente lo que deseaba comunicarle.
Al día siguiente del encuentro el Poder Ejecutivo, con las firmas de Héctor Cámpora y Ángel Federico Robledo, “visto lo propuesto por el señor Comandante en Jefe del Ejército y lo informado por el Ministro Secretario de Estado en el departamento de Defensa” decreta “extinguida de pleno derecho a la resolución del Tribunal Superior de Honor del 27 de octubre de 1955”.
En su libro “Recuerdos de una vida”, Beatriz Haedo de Llambí, la recordada esposa de Benito, el último Ministro del Interior de Juan Domingo Perón, relata varios pasajes de la intimidad del ex presidente en la casa de Gaspar Campos y la residencia presidencial de Olivos. “Entre los más preciosos recuerdos que conservo de aquellos días está la expresión de alegría de Perón cuando le trajeron su uniforme de Teniente General. Era su última y fundamental reivindicación, luego de casi veinte años de exilio, proscripción, procesos y campañas de todo tipo en su contra. Nunca le vi una cara de mayor felicidad. Lo recuerdo claramente, con el uniforme recién puesto, que se presentó ante los que allí estábamos, con una extraordinaria satisfacción, preguntando cómo se veía.”
