
América Latina y el Caribe es un reflejo de ello. Al 2018, el 52% de las mujeres tiene una cuenta de ahorro, frente al 59% de los hombres. En algunos países, la titularidad de las cuentas se ve afectada por la brecha digital que afecta más a las mujeres, según el reporte Microscopio Global 2021, elaborado por The Economist Intelligence Unit en colaboración con el Grupo BID. En el crédito, la figura es similar: 15% de las mujeres accede a este producto, y en el caso de los hombres, 22%. Aunque para ninguno de los dos grupos las cifras son óptimas frente a las economías desarrolladas, la inclusión financiera ha avanzado en la región. La brecha entre mujeres y hombres, sin embargo, se ha mantenido prácticamente igual desde el 2011, año desde el que contamos con datos a través del Global Findex.
Acelerar el cierre de esta brecha de género financiera nos interesa a mujeres y hombres, por varios motivos. A las vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, queremos recordarles por qué. Cuando las mujeres toman control de su futuro financiero, sus efectos repercuten en toda la sociedad. Existe abundante evidencia y reconocimiento –por parte del sector público y privado– de que cuando las mujeres se empoderan financieramente, son más proclives a invertir en educación, alimentación y salud para sus familias. Todo ello es fundamental para romper el ciclo de la pobreza, reducir desigualdades sociales e impulsar el crecimiento económico.
La falta de inclusión financiera de las mujeres también impacta negativamente en las empresas que ellas lideran. De ahí que existe una brecha de financiación de US$92.000 millones para las micro, pequeñas y medianas empresas femeninas, según el MSME Finance Gap del Banco Mundial. La región es una de las más emprendedoras del mundo, pero también tiene una de las ratios más altas de fracaso de emprendimientos femeninos. Sin duda, la dificultad de acceder al crédito formal es uno de los mayores impedimentos que las mujeres emprendedoras enfrentan para subsistir y crecer.
El empoderamiento financiero se puede dar de diversas formas. Por el lado de productos, al facilitar el acceso al ahorro, al crédito o a los seguros. En cuanto a servicios, hacer o recibir pagos, así como acceder a una mayor educación financiera, son claves. En la región, las microfinancieras han jugado un rol vital en expandir estos productos y servicios, especialmente en zonas rurales. Hoy, son los bancos más grandes los que están desplegando iniciativas en esa dirección, con un foco en las PYME lideradas por mujeres. Algunos de ellos incluso están cambiando sus modelos de negocio para poner al centro a las mujeres, desarrollando productos financieros innovadores e inversiones de alto impacto que las benefician.
Las oportunidades existen, pero hay que tomarlas y rápido. Los 100 años que le tomaría al mundo cerrar la brecha de género –según el Foro Económico Mundial– pueden acortarse a través del empoderamiento financiero de las mujeres. Es una cuestión de justicia económica y de derechos humanos. Sólo con una participación plena de las mujeres en la economía, será posible un crecimiento económico sostenible e inclusivo que genere prosperidad para todos y todas.
