Monseñor
García cuestionó la media sanción de la ley de baja de imputabilidad de menores y advirtió que, sin la infraestructura adecuada para la rehabilitación, la norma podría ser contraproducente.
El obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, se refirió a la media sanción de la ley de baja de imputabilidad de menores, aprobada ayer por la Cámara de Diputados y conocida como «Nuevo Régimen Penal Juvenil», expresando su preocupación por las consecuencias de la medida sobre los jóvenes.
«Creo que esto no soluciona absolutamente nada y es disuasivo de una realidad mucho más grande. La consecuencia la están sufriendo los pibes que delinquen, que tienen que ser rehabilitados, pero en un sistema penal donde caen a los 17 años, aprenden todos los vicios que no habían aprendido antes», señaló el obispo en diálogo con el periodista Marcelo Bonelli y su equipo en Radio Mitre.
Monseñor García advirtió que la experiencia en las cárceles actuales puede ser contraproducente: «Si a un chico de 14 años lo metes en una de estas cárceles, aprende muchas más cosas, sigue operando y entra en otras bandas». En ese sentido, enfatizó que la ley necesitaría una estructura adecuada para garantizar la rehabilitación efectiva: «Primero hagamos los lugares de recuperación y después entonces pensemos en la ley», dijo.
Consultado sobre los familiares de las víctimas, reconoció la complejidad de la situación: «Si tiene 14 años, tiene que rehabilitarse, debe ser después un sujeto útil a la sociedad. Y no creo realmente que esta ley, sin la estructura que la acompañe, sea efectiva, sirva», observó.
El obispo también destacó la importancia del acompañamiento en los barrios: «Cuando el Estado se retira, avanzan los narcos. En nuestros barrios, cada matrícula que hacemos en nuestros colegios es una matrícula que le quitamos a los narcos», explicó, y señaló la labor educativa, deportiva y social que desarrollan, para brindar oportunidades a los jóvenes.
En relación con la utilización de menores por adultos en actividades delictivas, subrayó: «El adulto utiliza a los chicos porque no tienen formación, porque crecieron en la calle, porque no conocen otro lenguaje. Por eso para nosotros es fundamental trabajar en colegios, clubes y capillas como lugares de socialización y reinserción».
Por último, monseñor García advirtió que la ley por sí sola no resolverá la inseguridad: «La mayor inseguridad no la generan los chicos, sino los jóvenes y adultos. No hay que pensar que esto es la solución de todo, sino parte un cambio general mucho más amplio que contemple esta realidad».
