Los mismos fueron impulsado y consolidado durante el gobierno de Juan Domingo Perón, en un momento que el Estado decidió asumir un rol activo en la protección del trabajador.
El estatuto del peón, la indemnización por despido y la consolidación de la negociación colectiva marcaron un antes y un después en la historia argentina.
No se trató solo te leyes técnicas. Fue un cambio de paradigma humano humana paradigma humano. Esos derechos se convirtieron en parte del contrato social argentino y atravesaron gobiernos. De distintos signos políticos. Dejaron de verse como «conquistas partidarias». No fue fueron privilegios.
Se buscaron equilibrar una relación desigual y darle al trabajador herramientas mínimas frente al poder económico..
Cuando las conquistas se debilitan, el que pierde no es el sector político ni una estructura sindical pierde el pueblo trabajador. Se perjudica porque aumenta la inestabilidad, porque el miedo al despido debilita la capacidad de reclamar condiciones justas, porque se reducen los ingresos indirectos que sostienen a las familias. Y porque crea la incertidumbre sobre el futuro. Un trabajador con menos protección negocia desde la necesidad no desde la dignidad. Un pueblo con menos derechos es un pueblo con más miedo. Y cuando el miedo reemplaza A la seguridad la libertad deja de ser real y se convierte en palabra vacía.
Quitar derechos no fortalece al trabajador: lo expone. Y cuándo se expone al que menos tiene no se construye progreso; Se profundiza la desigualdad
