
Cada 17 de agosto no recordamos solamente la muerte del General José de San Martín.
Recordamos al hombre que entendió que la independencia no se declama: se construye, se defiende y se sostiene con decisión política.
San Martín pertenece a la historia grande de nuestra Nación porque comprendió que no podía existir una Argentina verdaderamente libre mientras las decisiones fundamentales de nuestro pueblo estuvieran sometidas a intereses ajenos.
Su legado sigue interpelándonos.
Porque la soberanía no es una palabra vacía ni una consigna para una fecha patria.
Soberanía es defender nuestros recursos, nuestro territorio, nuestra producción, nuestro trabajo y nuestra capacidad de decidir nuestro propio destino.
San Martín cruzó los Andes con humildes soldados de la Patria, cuando muchos consideraban imposible alcanzar la libertad.
No esperó condiciones ideales.
No se resignó frente a las dificultades.
Tuvo una convicción: los pueblos que no luchan por su libertad terminan dependiendo de las decisiones de otros.
Por eso, en este 17 de agosto, reivindicar a San Martín también significa preguntarnos qué Patria queremos construir.
Una Patria que valore a sus trabajadores.
Una Patria que proteja a sus jubilados.
Una Patria que garantice educación y salud públicas.
Una Patria que defienda a sus productores y a la industria nacional.
Una Patria que cuide sus recursos naturales.
Una Patria que no entregue su soberanía Nacional, independencia económica y Justicia Social.
Una Patria que sostenga con firmeza: que “las Malvinas son Argentinas”.
Las Malvinas son argentinas, porque la soberanía nacional no se negocia ni se abandona.
San Martín nos enseñó que la política debe estar al servicio de una causa superior: la dignidad y la libertad de nuestro pueblo.
Hoy, frente a los desafíos de la Argentina, honrar su memoria no consiste únicamente en colocar una bandera o pronunciar un discurso.
Consiste en asumir responsabilidades, defender convicciones y trabajar para que nuestra Nación sea cada día más justa, más soberana y más independiente.
El mejor homenaje a San Martín es no acostumbrarnos a la dependencia, no aceptar como inevitable aquello que puede transformarse y no renunciar jamás al derecho de los argentinos a construir su propio futuro.
Que este 17 de agosto nos encuentre con memoria, con convicciones y con una profunda decisión de defender la Patria.
Porque la independencia que conquistaron nuestros próceres es una responsabilidad que las nuevas generaciones tenemos el deber de cuidar.
San Martín vive en cada argentino que defiende la soberanía, la dignidad y la grandeza de nuestra Nación.
¡Viva la Patria!
¡Viva San Martín!
¡Las Malvinas son argentinas!
