
Mientras se habla de inclusión, de pasión y de que el deporte une a las personas, la realidad demuestra que quienes sostienen al fútbol con su amor incondicional son los primeros en quedar afuera por el precio exagerado de las entradas con precios que rondan los 2 mil dólares por cada partido.
“El Mundial no debería ser un evento exclusivo para quienes tienen un alto poder adquisitivo o pueden costear viajes y paquetes inaccesibles”.
El fútbol nace en los barrios, en los clubes de pueblo y en la pasión de la gente trabajadora.
Sin embargo, las decisiones de quienes organizan estos espectáculos parecen priorizar el negocio por encima de la esencia del deporte.
Es necesario que exista un verdadero compromiso político e institucional para garantizar que el acceso a estos eventos sea más justo y equitativo.
No alcanza con hablar de igualdad si, en los hechos, millones de personas quedan excluidas.
El pueblo tiene derecho a vivir la emoción de alentar a su selección desde una tribuna, no solo a verla desde una pantalla …si cuenta con recursos económicos , para pagar el cable…porque el costo de una entrada es imposible de afrontar.
Cuando el fútbol deja de pertenecer a su gente y se convierte en un privilegio para unos pocos, pierde una parte fundamental de su identidad.
Defender el acceso del pueblo a estos eventos no es un capricho: es defender la cultura popular, la igualdad de oportunidades y el derecho de todos a ser parte de una pasión que nos representa como sociedad.
